La convocatoria de huelga de este miércoles día 14 de noviembre recoge una serie de razones que no son baladíes; al contrario, deberían de ser un acicate para que todos los trabajadores y trabajadoras (con o sin trabajo) se unan unánimemente contra los gobernantes que viven de espaldas a los intereses de sus gobernados. Ejemplos claros de estas razones mencionadas son, por ejemplo, el alto número de parados, una cifra que ronda los seis millones de personas (5.778.100) frente a una población activa de poco más de diecisiete millones para una población total que pasa de los cuarenta y siete millones.
Estos datos indican que la población se va empobreciendo de manera progresiva, o dicho de otra manera, hay un 13,5% más de adultos que vivían en situación de desahogo que ahora está en riesgo de pobreza (un total del 21,1% de la población en 2011). Además, los ingresos medios por persona en este año de 2012 ascienden a un total de 9.312 euros al año, es decir, un 1,3% menos que el año pasado, un dato que se aleja muchísimo de lo que se considera “situación de desahogo”. Otro dato más que hay que tener en cuenta también a la hora de plantearse si hacer huelga o no es el de los desahucios. Casos flagrantes que han trascendido a los medios de comunicación son el suicidio de una mujer de Barakaldo (Vizcaya) hace unos días o un hombre en Granada hace unas semanas. Las soluciones a este drama, por ejemplo la dación en pago, han sido sistemáticamente rechazadas tanto por PP como PSOE.


Los ciudadanos y las ciudadanas de este país estamos viendo cómo una gran parte de nuestros gobernantes no es que no hagan nada para mejorar la situación, sino que la empeoran, de forma consciente y deliberada. Por ejemplo, el recurso a la convocatoria de oposiciones en Andalucía, el Real Decreto de abril del ministro Wert que ha puesto en la calle a 50.000 profesores de la enseñanza pública o el Decreto Ley de 30 de diciembre de 2011 que impide la contratación pública son buena muestra de ello. Otro aspecto más fue el acuerdo entre PSOE y PP para reformar la Constitución para anteponer el pago de la deuda “soberana” (compuesta principalmente por la deuda privada de bancos y grandes empresas) a cualquier inversión pública en servicios sociales, una medida que va en contra de la población, mientas que vacilan a la hora de buscar un consenso en el Congreso para buscar medidas que nos ayuden a salir de la crisis o frenar los desahucios. Frente a esta necesidad de la población, en los medios de comunicación vemos cómo hay casos de corrupción, de construcciones innecesarias y costosas para las arcas públicas, pérdidas de gadgets informáticos costosísimos (Ipads) o cómo se aplaude una iniciativa muy criticable como la millonaria donación de Amancio Ortega (dueño de Zara, uno de los principales evasores fiscales del país) a Cáritas o la lucha por la instalación de Euro Vegas, mientras que una reforma fiscal progresiva, la persecución de la evasión fiscal o la lucha desde el Gobierno contra el trabajo precario e ilegal brillan por su ausencia. Lo que estamos viendo en estos días es que repetimos el mismo modelo para intentar salir de la crisis. El modelo capitalista liberal es el único paradigma en el que parece que nos podamos mover, oscilando entre uno y otro partido (PP y PSOE), quienes representan las dos caras de una misma moneda.
Los ciudadanos hemos de ser conscientes de que el sistema ha fracasado. El capitalismo solo se entiende a partir de crisis cíclicas para poder reorganizarse sin salir de sus parámetros. La especulación y el pelotazo son sus maneras de ofrecer la salvación a la población, a una parte que se escuda en la salvación individual con premios y loterías, bajo la mentira del esfuerzo personal y la superación. La salvación colectiva no se tiene en cuenta. Lo colectivo ha dejado de tener validez o consideración para el Capital. Como dijo Sun-Tzu en el Arte de la Guerra: “divide y vencerás”. Esta premisa marca el leitmotiv del capitalismo: lo individual frente a lo colectivo. La ley de la selva bajo cuyos parámetros solo los más fuertes -o los que mejor se adaptan- sobreviven.
Por estas razones los trabajadores y trabajadoras hemos de tener en cuenta que su única salvación es la lucha colectiva, utilizando las armas que tienen a su disposición: huelga, manifestación, voto e insurrección. Cuando la votación ha fallado con la mayoría absoluta del Partido Popular en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre de 2011, la huelga es una acción que los trabajadores y las trabajadoras disponen para reivindicar sus derechos y las políticas que se aprueban en su contra y perjuicio. Frente a lo que se dice en los medios liberales, no participar en la huelga perjudica a los trabajadores, no a los líderes sindicales, tanto a nivel individual, pero sobre todo colectivo, al no mostrar unidad y capacidad de respuesta. En este sentido, no es necesaria la identificación con ningún sindicato, sino asistir aprovechando la iniciativa en beneficio del interés del colectivo de trabajadores y trabajadoras.
En definitiva, estas razones deberían de ser sopesadas cuando nos planteemos participar en la huelga. Desde IU repetimos que no se trata de una acción sindical, sino de la reivindicación de la clase trabajadora frente a una serie de medidas que nos están empujando hacia la pobreza, hacia una mayor dependencia del Capital y sus ostentadores. Cada una de las concesiones que se permitan tendremos que recuperarlas con mayor esfuerzo.
Por todo ello, Izquierda Unida de Vícar hace un llamamiento al paro general y a la participación activa de todos los trabajadores en los piquetes informativos y en la manifestación convocada en Almería a las 13:00h en Puerta Purchena. Los miembros de Izquierda Unida de Vícar esperamos tener la oportunidad de luchar codo a codo con todos vosotros.